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El teclazo por la verdad

¡Apretó Obama!

Aún no lo puedo creer. Lo que parecía que se iba superando ya, ha vuelto como un fantasma que no abandona a la Casa ¿Blanca?: ubicar a Cuba en la lista de países terroristas.
La administración de Barack Obama ha demostrado, sin máscaras, que es una prolongación de la política terrorista y neoconservadora, en grado diabólico, de George W. Bush.
Todo cuanto había dicho, al menos en su publicitada campaña electoral, se ha vuelto humo. Las esperanzas de cambio que suscitó en la población norteamericana y mundial se han desvanecido.
El fin de las guerras en Irak y Afganistán es como el horizonte, inalcanzable. Y aún más, se auguran más conflictos bélicos. En ese sentido incrementan su presencia militar en América Latina y amenazan a Venezuela.
Pero los que siembran el terror no son ellos. ¡Qué gracioso! Somos nosotros, los cubanos, que salvamos vida en medio mundo, donde tenemos emplazadas unidades médicas (no militares), y nuestros efectivos visten batas blancas; por fusiles utilizamos estetoscopios; y por balas, cápsulas. ¿A quién matamos? A la muerte, nosotros matamos a la muerte y prolongamos la vida.
¿Cómo van a calificarnos de terroristas? A nosotros que no hay tribuna internacional donde no alcemos la voz en nombre de los seres humanos, de su dignidad, de su derecho a la vida.
Este mundo está patas arriba. Pero lo enderezaremos a fuerza de verdades, razón y ética, porque todavía ningún experto en lingüística le ha cambiado el sentido a la palabra terrorista. Y esa, nada tiene que ver con Cuba, salvo que hemos sido víctimas de ese flagelo y lo condenamos en cualquiera de sus manifestaciones.
Obama ha cedido otra vez al chantaje de la ultraderecha anticubana y se está cortando, a la medida de Bush, un traje que, lamentablemente, la mayor parte de la humanidad no quería que usara. Pobre Obama.
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