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El teclazo por la verdad

Dignidad versus guerra mediática

Por Norland Rosendo González

Como soldados obedientes, se han alineado las trasnacionales de la (des)información para calumniar a Cuba, bajo las órdenes del mismo general de siempre, un viejito cascarrabias que lleva 50 años tratando de destruir la Revolución y no puede, el Tío Sam.

Esta vez, la batería se emplazó al unísono, y todos a la orden han comenzado a lanzar bombazos, granadas, flechazos y hasta balitas de goma: con el mismo contenido de ideas mortíferas, falsas, tergiversadas, que reflejan a «los pobres disidentes hostigados, humillados por las hordas del gobierno castrista.»

La opinión pública internacional, manipulada durante tanto tiempo, expuesta a las medias verdades, a una agenda dictada por los expertos en guerra mediática, queda desconcertada ante imágenes que cuelgan en Internet, muchas estilizadas y tomadas desde ángulos que distorsionan la realidad. Los fotógrafos cazan detalles, y construyen un discurso visual que confunde, aderezado con pies de fotos que completan la mentira. Pura sugestión.

A la artillería pesada se suman los blog de los oportunistas contrarrevolucionarios, gente que disfruta el acto de vender su Patria, su soberanía, su dignidad por cuatros dólares y un presidente que hable inglés.

Tan severa ha sido la campaña mediática que han logrado la adhesión de varios artistas de renombre, intelectuales y parlamentarios del orbe también se han prestado para el show.

A un preso común lo han convertido en mártir de la disidencia. A un demente que se dice heredero de Gandhi, lo han lanzado al estrellado periodístico. Y a un grupo de mujeres, esposas de presos por servir a los intereses de una potencia extranjera, lo quieren homologar con las santas madres de la Plaza de mayo.

Es interesante como emplean el lenguaje: reiteran términos satánicos para Fidel, Raúl y los comunistas, y se deshacen en palabras almibaradas para los contrarrevolucionarios. Algo así como que se montan en la historia de David contra Goliat, en la que invierten los papeles.

Están en una etapa de bombardeo de mentiras, ganándose a la opinión pública, sensibilizándola con una realidad irreal, inoculando falacias y un discurso cuyo guión conciben en Washington y después reproducen con ligeros cambios estilísticos.

Frente a esa artillería mediática, poderosa pero huérfana de ideas, de sentido común y de respeto por la dignidad y la soberanía, se irgue la razón, que más temprano que tarde pondrá las cosas en su lugar. Porque Cuba, pobre y bloqueada, tiene por principio la ética, la verdad y la justicia. Y no cede ante las presiones de los oportunistas.

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