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El teclazo por la verdad

Los jóvenes y la Revolución cubana

Los jóvenes y la Revolución cubana

Fuera de Cuba, las campañas mediáticas apuestan por la desmovilización de los jóvenes, por minarlos ideológicamente, por engancharlos con sus cantos de sirena, que pregonan la posibilidad de un mundo  al estilo de los antiguos países socialistas del este de Europa, donde la desesperanza, la drogadicción y la enajenación se han convertido en cualidades. ¿Acaso será ese el modelo?

Recientemente, la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba realizó su Congreso, la cita más importante de la organización. Sobre lo que allí se discutió y el papel de los jóvenes en la Revolución, mi colega Mercedes Rodríguez conversó con varios delegados villaclareños.

Aquí les dejo la entrevista: 

Existen varios sueños en Cuba, pero ninguno con tantas posibilidades de convertirse en realidad como el de sus jóvenes, llamados a continuar la obra de la Revolución. Se trata de un verdadero desafío para el resto de la sociedad.  Ellos reconocen sus problemas y deficiencias, pero quieren tener y hacer su propia historia. Según tres delegados villaclareños, el IX Congreso de la UJC legitimó la misión. De ahora en adelante les corresponderá demostrar, como actores principales, que saben y pueden…

SOÑAR CON LOS PIES EN TIERRA FIRME

Por Mercedes Rodríguez García.

Fotos: Ramón Barreras

Richeliet Calderón Acea, Yudith García Ramírez y Yanara Echavarría Roche son apenas tres de los 54 delegados que representaron a Villa Clara en el recién finalizado cónclave.

Al día siguiente de su arribo en tren a la capital provincial, todos se encontraban ya en sus puestos de trabajo.

Richeliet, licenciado en Geografía, es secretario de la UJC en Santa Clara. Yudith, ingeniera agrónoma, aspirante a investigadora en el Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP), y Yanara, técnico medio en Informática, especialista en Seguridad Informática, en la Textilera Desembarco del Granma.

Con ellos, más que una entrevista, sostuve una conversación. Al principio sus respuestas no me satisfacían. En mayor o menor grado se mostraban tímidos y reiteraban algunas frases e ideas. Yo quería que se mostraran francos, abiertos, sinceros, auténticos.

Por eso en más de una oportunidad tuve que «pincharles» y «picarles» el amor propio, o dejarles entrever cierto tono de reproche. Casi dos horas de plática con cada uno, me obligan a la síntesis. Trasmito la esencia de sus declaraciones, luego de reiterarles la siguiente idea expresada por Raúl en la clausura de la cita trascendental.

  

«Hoy más que nunca se requieren cuadros capaces de llevar a cabo una labor ideológica efectiva, que no puede ser diálogo de sordos ni repetición mecánica de consignas; dirigentes que razonen con argumentos sólidos, sin creerse dueños absolutos de la verdad; que sepan escuchar, aunque no agrade lo que algunos digan; que valoren con mente abierta los criterios de los demás, lo que no excluye rebatir con fundamentos y energía aquellos que resulten inaceptables.»

 

PREFIERO UNA MILITANCIA VEHEMENTE

 

—icheliet, ¿cómo calificarías el IX Congreso?

—Como un llamado a seguir edificando con el concurso de todos la Revolución que nos legaron nuestros padres.

—Y ¿cuáles serían los problemas de la Organización a resolver de inmediato?

—Para mí es vital funcionar de manera efectiva y real, sin reuniones formales, rutinas y burocratismos. También, elevar nuestra capacidad de convocatoria y la eficiencia del trabajo ideológico.

—¿Urge entonces un análisis profundo de la militancia?

—Entre otras cosas. No solo para aumentar la cantidad de los que ingresan a la organización o las causas por las que salen de ella, sino también para examinar la ejemplaridad de cada uno de nuestros militantes?

—He escuchado decir a estudiantes universitarios, por ejemplo, que sus dirigentes son poco convincentes…

—Nada sustituye la fuerza de los argumentos, a nadie le gusta que le impongan tareas. Hace falta más creatividad y autopreparación por parte de los cuadros. A veces nuestros mejores militantes esquivan las responsabilidades, o la asamblea propone al primero que acepta y todos levantan la mano para terminar rápido.

—¿Qué prefieres, un joven radical o un joven conservador?

—Uno radical, suele hablar lo que siente, lo que piensa. Y puede o no estar equivocado. Las contradicciones no siempre son antagónicas. Tenemos que aprender a escuchar a los demás y a colegiar opiniones. Lo que sí hace mucho daño es la simulación y el oportunismo, el quedarse callado y acatarlo todo para no buscarse dificultades. Quien se busca problemas es porque quiere acabar con los problemas. Aunque a decir verdad, prefiero una militancia vehemente.

EL YO A PARTIR DE NOSOTROS

 

—Yudith, ¿crees la juventud cubana esté preparada y consciente de los retos que debe enfrentar en la preservación de la Revolución?

—No podemos perder de vista que existen jóvenes que no tienen una idea clara del valor de la obra de la Revolución. El desafío radica, precisamente, en que toda la juventud pueda apreciar sus valores, en, en que asuma el papel que nos corresponde en cada momento, de manera dinámica, creadora, transformadora; en que esté convencida de cómo debe encarar la vida en el lugar donde actúa.

—¿Cuáles serían tus argumentos al respecto?

—Primero, el ejemplo. Argumentos pudieran existir muchos, solo que a veces no los tenemos porque mientras estudiábamos no nos enseñaron a razonar, sino a repetir contenidos. Por eso digo que todo empieza por la escuela. Si no conocemos profundamente nuestra historia, si no sabemos comunicarnos, si no leemos, jamás sabremos cuánto ha tenido que sufrir nuestro pueblo y cuántas vidas humanas se han perdido para que hoy podamos disfrutar lo que tenemos y luchar por lo que aún nos falta. Sin esas armas, difícilmente podamos poseer todos los argumentos para defenderla e impulsar la Revolución. Vivir en Cuba es algo único, y la juventud debe salir a buscar su yo, pero a partir de un nosotros.

—¿De los problemas que atravesamos cuáles «atacarías» de inmediato?

—El despilfarro, el empleo irracional de los recursos, la falta de disciplina laboral y tecnológica, el desaprovechamiento de la jornada laboral, la ineficiencia, y por supuesto, el delito y la corrupción.

—¿Y de los valores espirituales, qué?

—Los valores espirituales no son sustancias que puedan proporcionarse a los seres humanos en tal o más cual dosis. Ellos son como plantas. Hay que sembrar antes la semillita y cuidarla mucho mientras crece. Se trata de una labor ardua, muchas veces sutil, desplegada constantemente día tras día.

—¿Crees que existan contradicciones generacionales que atenten contra ese papel protagónico que se espera de los jóvenes?

—Resolver los conflictos generacionales es fundamental para la innovación y la creatividad. Lo ideal sería analizar el equipo humano en función de su edad y las posibles repercusiones que esto puede tener, conocer cuáles son las motivaciones de los diferentes grupos. Hay que evitar que alguno de ellos se quede aislado. Mucho más ahora que pesa ese millón y medio de plazas en exceso. Yo confío en que el Estado cree las condiciones para que todos los cubanos tengamos un empleo digno, aunque Raúl dejó bien claro que cada cual tendrá que buscarlo.

 

SOMOS LA REVOLUCIÓN MISMA

 

—Yanara, ¿qué valores no debían faltar en esos jóvenes que reclama hoy la Revolución?

—Esos mismos de los que habló el Che y repetimos sin interiorizar su significado y repercusión: patriotismo, que significa ser profundamente martianos, antiimperialistas, con una actuación consecuente que se exprese en la dignidad; el humanismo, la honradez, la honestidad, el sentido de justicia, solidaridad y el amor al trabajo como única fuente de riquezas.

—¿Y qué les faltaría?

—Fomentar los valores de la disciplina, el sentido del deber, de pertenencia, del sacrificio y de la ejemplaridad. No se puede decir una cosa y hacer otra.

—Dime lo que piensas acerca de quienes insisten en comparar la generación histórica de la Revolución Cubana con la actual?

—Somos continuadores. A nosotros nos ha tocado vivir en medio del recrudecimiento del bloqueo, el período especial, la desaparición del campo socialista, y ahora, la crisis mundial del capitalismo y el acelerado cambio climático. Es otro tiempo y otras las circunstancias. Nos esperan años difíciles, pero para los jóvenes ninguna tarea es imposible.

—De acuerdo, los retos se han multiplicado, los enemigos de la Revolución han arreciado la subversión imperialista. ¿Estarán preparados como ustedes dicen?

—No podrán distanciar a los jóvenes de sus dirigentes, alejarlos entre sí. Ellos pretenden una Cuba dividida, donde supuestamente es insalvable el abismo entre la generación histórica que la construyó la Revolución y las generaciones más jóvenes.

 —Y frente a esa campaña, ¿qué?

—Les responderemos con más participación, con más compromiso, con más unidad, haciendo lo que tenemos que hacer en cada uno de nuestros puestos. Los jóvenes hoy somos la Revolución misma. Este momento histórico es decisivo para la continuidad de un proceso de medio siglo y casi dos años, con imperfecciones pero que ha demostrado ante el mundo su valía.

—¿Te quedaste esperando algo más del Congreso?

—Sí. Puede parecer ingenuo, pero hasta última hora esperé a Fidel.

Hubiera sido lo máximo.

—¿Por qué?

—Fue, es y seguirá siendo por mucho tiempo un ejemplo de perseverancia, lucidez, lucha, sacrificio. En él yo resumo lo mejor del ser humano.

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