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El teclazo por la verdad

La final del fútbol y el próximo combate

Por Norland Rosendo González

Todo el mundo está pendiente de las dos semifinales del fútbol. Que si Holanda goleará a Uruguay, hoy; que si Alemania pondrá en ridículo a España, mañana. Ese es el gran tema de la gente, de los diarios, de las emisoras, de internet, de la tele, de los brujeros. En fin, de los terrícolas y de los espíritus. 

Las apuestas suenan, los nervios están de punta, y mientras todo eso ocupa los principales titulares, con la carga de críticas a Dunga, a Messi, a Domenech, los jerarcas de la muerte se pasean por el medio campo (digo, por el medio oriente) con un balón que no se parece en nada a la Jabulani. Es un balón mortal, al que le llaman bomba nuclear, porque allí se juega duro el destino de la civilización.

Y en esta última semana del mundial de fútbol, aceleran las patadas en el terreno para que cuando la opinión pública despierte del mes de narcóticos deportivos, ya sea demasiado tarde para parar la guerra. Con las últimas palomitas frente a la tele, el domingo 11 de julio, vendrán las noticias catastróficas. Un cambio de cancha nada agradable.

O paramos el jueguito de los locos, o este será, quizás, el último mundial.

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