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El teclazo por la verdad

Pulmones verdes

Villa Clara tiene un índice de boscocidad de 22. 34, el octavo del país, según fuentes del Servicio Estatal Forestal en la provincia. En el Sijú, a la entrada de la serranía del Escambray, hay un área que descuella por la biodiversidad en los bosques.

Texto y foto: Norland Rosendo González

Hace unos 8 mil años, en el planeta había 6 mil millones de hectáreas de bosques, según estudios científicos. Ahora, es menos de la mitad de esa cifra. Solo en Colombia se deforesta anualmente el equivalente a 4 millones de canchas de fútbol; 456 canchas en una hora; 7,6 canchas por minuto. A ese ritmo, Colombia no tendrá bosques en 40 años.

Cuba, consciente de que sola no puede evitar tanto maltrato a la Madre Tierra, sigue defendiendo en cuanta tribuna internacional accede, la necesidad de cordura, de gestionar un desarrollo sostenible y de aprender a vivir, como nuestros antepasados, en armonía con la naturaleza. Y su mejor lenguaje es el ejemplo.

Por la carretera que sube de Manicaragua a Jibacoa, hay un área de manejo forestal que confirma la riqueza de un medio ambiente saludable y los éxitos del trabajo arduo, diario y sustentable del hombre para que los bosques sean una suerte de casa gigante donde convivan disímiles especies de la flora y la fauna.

El técnico medio forestal Orelvis Romero Almaguer, al frente del proyecto desde su fundación el 2 de junio de 2004, por idea del General de Ejército Raúl Castro Ruz, entonces Ministro de las FAR, explica que cuentan con 308 hectáreas divididas en 6 fincas.

Esta era una zona ganadera, muy deforestada, con suelos compactos por el pisoteo y afectados por exceso de pastoreo. La indicación fue plantar 150 ha y manejar por reforestación natural la otra mitad, con especies de porte bajo y alto y que se mantuvieran con hojas el mayor tiempo posible, rememora.

Hay caoba, tecas, eucalipto, cedro, bambú, algarrobo, leucaena y tienen el privilegio de ser los primeros en Villa Clara en sembrar la acacia magio, de rápido crecimiento y altos índices de logro y supervivencia.

«Me duele cada vez que alguien dice: qué cedros más buenos, o se asombra con las caobas. Solo les interesa el valor comercial de la madera. Mi placer mayor es entrar aquí y ver la biodiversidad. Mientras más pájaros tiene un bosque, más saludable está, quiere decir que abundan las semillas, los insectos…», confiesa mientras se inclina en el tronco de una acacia recién cortada. «Mira como hay hormigas, ¿sabes por qué?»

Y ante mi silencio, con la paciencia de los maestros excepcionales, me explica: «Estamos en Luna Llena, ahora por la savia de la planta circula azúcar. En Cuarto Menguante, lo hace el almidón, por eso es  aconsejable cortarla en esa etapa para evitar que se pique.»

La silvicultura (fomento, desarrollo y manejo de los bosques) exige tiempo, constancia y amor. En los primeros tres años, los árboles son plantados, se chapean las malas yerbas, tiene lugar la poda selectiva para evitar horquetas y favorecer el crecimiento y la de saneamiento para quitar las partes enfermas.

En los tres siguientes, sigue la limpia (chapea) y se ejecuta el aclareo, o sea, espaciar las plantas para que crezcan libremente y compitan entre ellas. Después viene el raleo: ir conduciendo el bosque a lo que uno desea, si quieres bolos, quitas algunos para que los otros ganen en diámetro. La madera rolliza, empleada para varas y cujes en las cosechas de tabaco, está apta entre los tres y seis años. La acacia magio requiere de 10 años; la teca, 15; la caoba, 25 y el cedro, 30, refiere Orelvis.

Pero no todo es madera en una finca forestal. La sostenibilidad resulta imprescindible, por lo que también cosecha plátanos, malanga, arroz, frijoles y cuenta con rebaños de vacas, chivos, carneros, cerdos y aves. «En el sotobosque hay gramíneas que le sirven de alimento al ganado y así se elimina material combustible. Donde se pastorea, la chapea es más ligera.»

—¿Y qué hacen para evitar los incendios?, inquiero a propósito de la sequía actual.

—Lo importante es el trabajo profiláctico junto con el Cuerpo de Guardabosques. Aquí el cambio de mentalidad ha sido complejo, pues antes daban mucha candela para limpiar los potreros de ganado, y eso destruye los bosques.

Tiene, además, un proyecto de educación ambiental en la escuela primaria de la zona, un círculo de interés y crearon un bosque martiano, de los mejores de Villa Clara, donde hay 38 especies de las que mencionó nuestro Héroe Nacional en su Diario de Campaña de Cabo Haitiano a Dos Ríos, entre ellas, ballúa, jagua, yaya y jatía, difíciles de lograr porque son especies de monte.

En la despedida, Orelvis vuelve a exhibir sus dotes de genial pedagogo: «La naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre. Esa frase de Martí es mi filosofía. Si en otros lugares, la gente tumba árboles para convertirlos en dinero y lujos, aquí seguiremos dándole vida a los bosques para aumentar nuestra riqueza mayor: la biodiversidad.»

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