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El teclazo por la verdad
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Sin pausa, pero sin prisa

Sin pausa, pero sin prisa

Por Norland Rosendo González

Parece fácil, pero no lo es, al menos para los cubanos, acostumbrados a los maratones y las campañas perecederas; ese es uno de los cambios imprescindibles para que los demás fluyan: interiorizar que las transformaciones deben ser sin pausa, pero sin prisa, justo en el momento adecuado y con la seguridad de que perduren para bien de todos.

En un escenario nacional donde se actualiza el modelo económico sin obviar las esencias de equidad, humanismo y solidaridad, Cuba apuesta también por la eficiencia, la productividad, el ahorro y la calidad, indicadores necesarios para garantizar la sustentabilidad del socialismo.

En palabras parece sencillo, pero para hacerlo realidad resulta imprescindible un cambio de mentalidad profundo, el salto de barreras sicológicas y la superación de resistencias. No es cuestión de eludir los conflictos, sino asumirlos, hurgar en las causas, prever las consecuencias y pensar sin dormirse a la espera de que todo lo decidan «arriba».

La implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados en el VI Congreso del Partido constituye un proceso continuo, por lo que en los próximos 12 meses seguirán las transformaciones y serán más exitosas si cuentan con el adecuado aseguramiento cultural, en el sentido más abarcador de ese concepto.

Desde la colosal consulta popular del proyecto de Lineamientos, Cuba ha demostrado la fortaleza del debate, de la participación y el valor de los argumentos por encima de las consignas. Una filosofía que ha traducido en versos el trovador Tony Ávila en la canción Mi casa, una suerte de poesía que bien pudiera acompañar al pragmatismo de los cambios ante los prejuicios y los escepticismos de algunos:

«Hoy voy a consultar con mis hermanos,/ los cambios que a la casa sobrevienen,/ no tengo que correr porque la prisa/ puede que le haga daño a los cimientos,/ y aunque en mi casa me siento contento,/ hay cambios que mi casa necesita.

«Voy a hacer ciertos cambios en mi casa,/ como hicieron mis padres en su tiempo,/ al cabo esta será la misma casa,/ los que no son iguales son los tiempos.»

Esa interpretación dialéctica de los acontecimientos robustece nuestro socialismo y lo aleja de esquemas rígidos infuncionales, máxime ahora que el mundo agoniza de tantas crisis y los defensores del capitalismo apelan a todas las armas posibles (la mayoría fuera de las coordenadas de la ética y la razón) para fulminar cualquier proyecto alternativo viable.

Cuba es un referente, no solo por su historia y osadía de resistir los embates del imperio más poderoso que haya conocido la humanidad, sino porque ha demostrado que el marxismo no quedó sepultado en los escombros del Muro de Berlín ni con la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Cada paso que demos en la actualización de nuestro modelo económico ha de ser, entonces, sólido, bien pensado, como nos ha pedido Raúl. En el 2012, a no dudarlo, serán más los ojos que se viren para nuestro país, y nuestra única opción posible es superar la percepción de Máximo Gómez de que los cubanos no llegamos o nos pasamos.

El cambio de mentalidad, que implica superar viejos paradigmas de dirección y el reduccionismo al enfocar los problemas y buscarles solución, es el sustrato para desterrar la filosofía de los maratones y la nociva costumbre de abandonar las carreras a mitad de trayecto. Hay que ser constantes, estables, consagrados, pero sin caer en la rutina.

Tony Ávila nos da otra vez la clave: «Le cambiaré el color a las paredes, restauré las puertas, las ventanas,/ y el viejo dominó sin doble nueve./ Voy a quitar las viajas cerraduras,/ creo que están de más ciertas paredes,/ aprendí con el tiempo que se puede/ cambiar sin que se dañe la estructura.»

En esa titánica obra seguiremos inmersos este 2012 y el más grande de los cambios debe ocurrir en la mentalidad, en la psicología, en los enfoques culturales de los cubanos para construir entre todos la sociedad que queremos y que podemos. Una sociedad que, por suerte, no tiene referentes en la historia, y que es la resultante de nuestro genio creador, de nuestros sueños, de una rica herencia intelectual en la que predominan dos pilares fundacionales: Martí y Fidel.

Para conservar los pasos dados en la actualización del modelo económico y dar otros igual de importantes, profundos y necesarios, entrémosle al Año 54 de la Revolución dispuestos a pensar, recrear, argumentar, prever, sumar, fundar, y sobre todo, con mente abierta y propositiva, pues el camino que transitamos es ignoto.

Cada uno de nosotros, y todos a la vez, cantemos con Tony Ávila:

Asumiré que soy el heredero,/ ya que tengo esta casa por fortuna./

La casa que no cambio por ninguna/ y en la que están las cosas que más quiero.

La clave está en seguir la marcha sin pausa, pero sin prisa.

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