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El teclazo por la verdad

Cuba apuesta por las experiencias de desarrollo local

Cuba apuesta por las experiencias de desarrollo local Por Norland Rosendo González

La vieja canalita por la que se deslizaban todas las ideas y variantes económicas —siempre desde arriba hacia abajo—, ha comenzado a crear espacios horizontales que ponen en tensión al pensamiento local y lo obligan a generar iniciativas propias para el desarrollo de los municipios a partir de sus potencialidades y, sobre todo, de su ingenio.
Durante muchísimos años, excelentes propuestas para aprovechar los recursos de las regiones en función de resolver sus propios problemas encontraron valladares infranqueables en decisiones de arriba que las congelaban, y en otras ocasiones se interponían lacónicos: «eso no está en las facultades de un municipio», y bastaba para el punto final.
Así, toneladas de frutas han quedado para abonar suelos y no pudieron convertirse en jugos, mermeladas o dulces; el marabú se aplatanó en las mejores tierras; y un número indefinido de proyectos apenas lograron moverse por los vericuetos del cerebro de los geniales, pero «excéntricos» autores.
En tanto, los problemas y las necesidades se deslizaban por la canal de los «mecanismos establecidos» hasta caer en el saco infinito de lo que «algún día, cuando lo aprueben arriba, se solucionará», aunque muchas personas estuvieran concientes de que abajo había lo necesario para resolverlo.
Por suerte, la actualización del modelo económico socialista cubano ha incluido entre sus prioridades el desarrollo local, una opción que puede contribuir en poco tiempo y sin el desembolso de grandes sumas de dinero ni inmensas inversiones materiales a revitalizar los municipios desde el punto de vista económico, fundamentalmente.
Estas iniciativas generan, además, fuentes de empleo e ingresos a los territorios, muchos de ellos deteriorados por el implacable paso del período especial y a la espera de financiamiento para mejorar no solo la fisonomía, sino su infraestructura.
Según el Lineamiento 37 de la Política Económica y Social aprobada en el VI Congreso del Partido: «El desarrollo de proyectos locales, conducidos por los consejos de la administración municipales, en especial los referidos a la producción de alimentos, constituye una estrategia de trabajo para el autoabastecimiento municipal, favoreciendo el desarrollo de las mini industrias y centros de servicios, donde el principio de la autosustentabilidad financiera será el elemento esencial, armónicamente compatibilizado con los objetivos del plan de la Economía Nacional y de los municipios. Los proyectos locales una vez implementados serán gestionados por entidades económicas enclavadas en el municipio.»
De las utilidades, un 25 por ciento engrosa el presupuesto de los gobiernos municipales. De ese monto, el 30 por ciento es empleado en programas de beneficio social, y el resto lo invierten en nuevos proyectos que reporten ganancias a la mayor brevedad.
El país aporta capital y en no pocos casos recursos para el fomento de renglones estratégicos que sustituyen importaciones, generan ingresos y producciones vitales. Si bien Villa Clara ejecuta cerca de 40 proyectos, las potencialidades aún son vírgenes para la cantidad de iniciativas que pudieran estar en práctica, en una provincia con expertos y científicos que llevan años estudiando el tema del autodesarrollo, quienes pudieran generar espacios de debate y de socialización de experiencias para incentivar a los territorios más atrasados.
No es cuestión de aplicar camisas de fuerzas, sino de explorar las oportunidades, convencer, compartir ideas. Aprender a utilizar los recursos propios en función de nuestro desarrollo, sin esperar a que alguien «desde arriba», nos diga qué y cómo hacerlo.
Sería aconsejable que las autoridades gubernamentales en los municipios propicien sesiones de trabajo, recorridos, orienten estudios, pidan criterios a los expertos, reúnan al talento productivo de sus respectivas demarcaciones para adoptar las mejores decisiones, con la participación activa de su gente, a la postre, protagonista y beneficiaria de los proyectos.
Cuántas minindustrias podrían edificarse para procesar guayaba, plátano, ajo, vegetales, mango, etc. O cebaderos de toro. Cuántas caballerías de marabú podrían estar ahora sembradas de frijoles y bajo riego, por solo citar tres ejemplos.
Las potencialidades son muchas y las oportunidades están a merced del talento y la voluntad de los hombres para generar el desarrollo local sostenible, una modalidad que debe favorecer la satisfacción de heterogéneas necesidades actuales sin comprometer el derecho de las futuras generaciones a vivir con plenitud.
La vieja canalita vertical encuentra ahora otras posiciones para hacer deslizar sobre ella, con las propias manos y talento de la comunidad, el desarrollo endógeno de los municipios.
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