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El teclazo por la verdad

Pan con balas

Pan con balas

Por Norland Rosendo González

 

La ilustración la trajo mi colega Pedro Méndez. Exacta para lo que quería escribir. Esta vez, una imagen vale más que mil palabras. He leído decenas de trabajos periodísticos sobre el terremoto en Haití. Todos los días, tras la guajira taza de café, me conecto a Internet y navego por varios sitios, desde europeos hasta latinoamericanos, pasando por los de la metrópoli de la información, los del Tío Sam.

Confieso que apenas veo imágenes, me duele tanta agresividad de la vida contra esa pobre gente. Navego por los textos, pero, intencionalmente, hundo las imágenes.

Sin embargo, no puedo rechazar las fotos y los vídeos de los militares del Tío Sam ocupando lo que queda de la porción francófona de esa isla.

Sin el menor pudor, han descendido de sus naves, aéreas y marítimas, con pertrechos de guerras y muy pocas medicinas. A punta de escopeta intentan calmar la sed y el hambre de los haitianos, los arrinconan, los humillan, los tratan como diablos que no debieron escapar a las fauces de la tierra.

Junto con el pan, ponen en el directo las balas. Por si los haitianos reclaman más.

Al lado, médicos cubanos y de otros países desenfundan jeringas y pinchan contra las posibles epidemias. Disparan vacunas, cápsulas, no cesan de trabajar en la trinchera, que no es militar, sino sanitaria.

¿Habrá pensado el Tío Sam que el sismo abrió un pozo de petróleo? Dios libre a los haitianos de semejante premio. El Tío Sam no los dejará reconstruir en paz. Y entonces, sí que el pan, horneado en Washington, vendrá con balas.

   

Ay, Haití

Ay, Haití

Por Norland Rosendo González

 

Ay de Haití. A estas horas, cuando comienza a oscurecer y el reloj biológico pide comida, los haitianos se estarán acordando de las once mil vírgenes, y a todas les suplicarán algo para poder amanecer mañana.

Miles deambulan ahora por las calles. Las crónicas, los reportajes, las notas fechadas en Puerto Príncipe hablan de las ruinas, de los sueños rotos, de los olores a cadáveres insepultos, todavía bajo los escombros. Pero los olores no mienten, ahí están todavía, y no se sabe hasta cuándo.

Puerto Príncipe sin linaje, tus súbditos viven a la intemperie, a la buena de Dios, esperando por la ayuda que viaja en aviones y barcos, y que, para colmo, los militares de los Estados Unidos obstruyen ahora.

Han llegado en naves cósmicas, de esas que despliegan en la guerra. ¿Se habrán equivocado de escenario? ¿Para que soldados y armas, si lo que escasea es la comida y el agua, las medicinas y los recursos para empezar a reconstruir al país, devolverlo a este siglo, si es que alguna vez lo fue?

Las historias desgarran, hay que ser insensible para ver tanta tristeza, porque la tristeza tiene rostro: es Haití. Una masa de gente sin tiempo, fuera de las lógicas de la civilización, que camina sin horizontes, que mata por un plato de comida o un frasco de agua.

Ya los socorristas no le temen a los movimientos telúricos, se tiran unas horas en la madrugada a esperar las primeras luces para continuar en esa eterna batalla contra la muerte, el grito de los niños huérfanos que buscan a sus padres, el de los padres que no encuentran a sus hijos y escuchan sus voces por todas partes. Solo sus voces.

Y los militares de los Estados Unidos, ¿qué hacen mientras los haitianos mueren de hambre?, engrasan sus fusiles para las cacerías que sus superiores les han dicho que habrá.

Ay, Haití. Ay, Galeano. Este mundo sigue patas arriba. Y desde arriba caen, a la par, la salvación y la muerte. Todo depende de donde han partido los aviones.       

¡Apretó Obama!

Aún no lo puedo creer. Lo que parecía que se iba superando ya, ha vuelto como un fantasma que no abandona a la Casa ¿Blanca?: ubicar a Cuba en la lista de países terroristas.
La administración de Barack Obama ha demostrado, sin máscaras, que es una prolongación de la política terrorista y neoconservadora, en grado diabólico, de George W. Bush.
Todo cuanto había dicho, al menos en su publicitada campaña electoral, se ha vuelto humo. Las esperanzas de cambio que suscitó en la población norteamericana y mundial se han desvanecido.
El fin de las guerras en Irak y Afganistán es como el horizonte, inalcanzable. Y aún más, se auguran más conflictos bélicos. En ese sentido incrementan su presencia militar en América Latina y amenazan a Venezuela.
Pero los que siembran el terror no son ellos. ¡Qué gracioso! Somos nosotros, los cubanos, que salvamos vida en medio mundo, donde tenemos emplazadas unidades médicas (no militares), y nuestros efectivos visten batas blancas; por fusiles utilizamos estetoscopios; y por balas, cápsulas. ¿A quién matamos? A la muerte, nosotros matamos a la muerte y prolongamos la vida.
¿Cómo van a calificarnos de terroristas? A nosotros que no hay tribuna internacional donde no alcemos la voz en nombre de los seres humanos, de su dignidad, de su derecho a la vida.
Este mundo está patas arriba. Pero lo enderezaremos a fuerza de verdades, razón y ética, porque todavía ningún experto en lingüística le ha cambiado el sentido a la palabra terrorista. Y esa, nada tiene que ver con Cuba, salvo que hemos sido víctimas de ese flagelo y lo condenamos en cualquiera de sus manifestaciones.
Obama ha cedido otra vez al chantaje de la ultraderecha anticubana y se está cortando, a la medida de Bush, un traje que, lamentablemente, la mayor parte de la humanidad no quería que usara. Pobre Obama.

Los rumbos del planeta tierra y del ser humano

Los rumbos del planeta tierra y del ser humano

Repasando en la web, encontré esta entrevista que considero muy oportuna en el debate actual sobre las barbaridades contra el medio ambiente y los peligros que implican para la propia supervivencia de la especie humana.   

Tomado de www.rebelion.org
Rogéria Araújo
Adital

Las movilizaciones sociales y los alardes sobre los perjuicios que la acción humana viene causando al medio ambiente no fueron suficientes para garantizar la concreción de acuerdos eficaces durante la 15ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambios Climáticos (COP-15), concluida el viernes (18) en Copenhague, Dinamarca.
Los líderes mundiales demostraron una vez más la preferencia por el desarrollo del capital en detrimento de la vida. Aún así, la postura de desdén para con los problemas climáticos del planeta no está paralizando las acciones de la población en su lucha por pequeños cambios. La evidencia dada a la causa ambiental ha servido para generar conciencia y, de a poco, cambiar malos hábitos de consumo. "El lugar más inmediato es comenzar por cada uno", sostiene Leonardo Boff.

En entrevista con ADITAL, el teólogo, filósofo y escritor habla sobre la necesidad de comenzar los cambios en nosotros que van a beneficiar a la Tierra. "Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta". Para Boff, no debemos depositar nuestras esperanzas en las decisiones que vienen de arriba.

 

Adital - ¿Cree usted en la voluntad política de los grandes líderes mundiales para revertir la situación climática en la que se encuentra nuestro planeta?

Leonardo Boff - No, no creo. Los grandes no tienen ninguna preocupación que vaya más allá de sus intereses materiales. Todas las políticas que hasta ahora fueron pensadas y proyectadas por el G-20 apuntan a salvar el sistema económico-financiero, con correcciones y regulaciones (que hasta ahora no se realizaron) para que todo vuelva a lo que era antes. Antes reinaba la especulación más desvergonzada que se pueda imaginar. Basta pensar que el capital productivo, aquél que se encuentra en las fábricas y en el proceso de generación de bienes, suma 60.000 billones de dólares.

El capital especulativo, basado en papeles, alcanzaba la cifra de 500.000 billones. Circulaba en las bolsas especulativas del mundo entero, gerenciado por verdaderos ladrones y falsarios. La verdadera alternativa sólo puede ser: salvar la vida y la Tierra y poner la economía al servicio de estas dos prioridades. Hay una tendencia al suicidio dentro del capitalismo: prefiere morir o hacer morir antes que renunciar a sus beneficios.

Adital - Aunque fue muy esperada la COP 15, que se realiza en Copenhague, Dinamarca, parece no apuntar hacia resultados eficaces y hacia compromisos más serios. ¿Cuál debe ser el papel de la sociedad civil en caso de que los resultados no sean los esperados?

Leonardo Boff - Llegamos a un punto en el que todos seremos afectados por los cambios climáticos. Todos corremos riesgos, inclusive el de que gran parte de la humanidad tenga que desaparecer por no conseguir adaptarse ni mitigar los efectos maléficos del calentamiento global. No podemos confiar nuestro destino a representantes políticos que, en realidad, no representan a sus pueblos sino a los capitales con sus intereses presentes en sus pueblos. Necesitamos nosotros mismos asumir una tarea salvadora. Cada uno en su lugar, cada comunidad, cada entidad, en fin, todos debemos comenzar a hacer algo para dar un rumbo diferente a nuestra presencia en este planeta. Si no podemos cambiar el mundo, sí podemos cambiar este pedazo de mundo que somos cada uno de nosotros.

Sabemos gracias a la nueva biología y por la física de las energías que toda actividad positiva, que va en la dirección de la lógica de la vida, produce una resonancia morfogenética, tal como se dice. En otras palabras, el bien que hacemos no queda reducido a nuestro espacio personal. Ese bien resuena lejos, se irradia y entra en las redes de energía que vinculan a todos con todos, reforzando el sentido profundo de la vida. De ahí pueden ocurrir surgimientos sorprendentes que apunten hacia un nuevo modo de vivir sobre el planeta y nuevas relaciones personales y sociales más inclusivas, solidarias y compasivas. Efectivamente, se nota por todos lados que la humanidad no está inmóvil ni endurecida por las perplejidades. Miles de movimientos están buscando formas nuevas de producción y alternativas que respondan a los desafíos.

Solamente hablando de ONGs, existen más de un millón en el mundo entero. Es un movimiento de base y no de cúpulas, las cuales siempre interrumpen los cambios.

Adital - Nunca las cuestiones ambientales estuvieron tan en evidencia como en los últimos años. Términos como "calentamiento global" y "cambios climáticos", a pesar de varios alertas realizados hace bastante tiempo, hoy son parte de la vida cotidiana de mucha gente en todo el planeta. ¿En esta "crisis de civilización" todavía hay tiempo para hacer algo? ¿De dónde podrá venir esa "salvación"?

Leonardo Boff - Si trabajamos con los parámetros de la física clásica, la inaugurada por Newton, Galileo Galilei y Francis Bacon, orientada por la relación causa-efecto, estamos perdidos. No tenemos tiempo suficiente para introducir cambios, ni sabiduría para aplicarlos. Iríamos fatalmente al encuentro de lo peor. Pero si cambiamos de registro y pensamos en términos de proceso evolutivo, cuya lógica viene descripta por la física cuántica que ya no trabaja con materia sino con energía (la materia, por la fórmula de Einstein, es energía altamente condensada), ahí el escenario cambia de figura.

Del caos nace un nuevo orden. Las turbulencias actuales preanuncian una emergencia nueva, venida de aquel trasfondo de Energía que subyace en el universo y en cada ser (llamado también Vacío Cuántico o Fuente Originaria de todo ser). Las emergencias o surgimientos introducen una ruptura e inauguran algo nuevo todavía no ensayado. Así, no sería extraño que de repente, los seres humanos volvieran en sí y pensaran una articulación central de la humanidad para atender las demandas de todos con los recursos de la Tierra, recursos que, si son racionalmente gerenciados, son suficientes para nosotros los humanos y para toda la comunidad de vida (animales, plantas y otros seres vivos).

Posiblemente, llegaríamos a esto sólo ante un peligro inminente o después de un desastre de grandes proporciones. Ya decía Hegel: el ser humano no aprende nada de la historia, sino que aprende todo del sufrimiento. Prefiero a San Agustín que en las Confesiones reflexionaba: el ser humano aprende a partir de dos fuentes de experiencia: el sufrimiento y el amor. El sufrimiento por la Madre Tierra y por sus hijos e hijas y el amor por nuestra propia vida y supervivencia van a salvarnos.

Entonces, no estaríamos frente a un escenario de tragedia cuyo fin es fatal o inevitable sino de una crisis que nos acrisola y purifica y nos crea la oportunidad de un salto rumbo a un nuevo ensayo civilizatorio, éste sí, caracterizado por el cuidado y por la responsabilidad colectiva por la única Casa Común y por todos sus habitantes.

Adital - Hay varias demandas pidiendo que la Corte Penal Internacional reconozca los delitos ambientales como crímenes de lesa humanidad. ¿Usted piensa que sería una alternativa?

Leonardo Boff - Las leyes solamente tienen sentido y funcionan cuando previamente se ha creado una nueva conciencia con los valores ligados al respeto y al cuidado de la vida y de la Tierra, percibida como nuestra Madre, pues nos provee todo lo que necesitamos para vivir. Si existe esa conciencia, puede materializarse en leyes, tribunales y cortes que hagan justicia a la vida, a la Humanidad y a la Tierra con castigos ejemplares. En el caso contrario, los tribunales sólo tienen un carácter legalista, de difícil aplicación, sin su necesaria aura moral, que le confiera legitimidad y reconocimiento por parte de todos.

Entonces debemos primero trabajar en la creación de esa nueva conciencia. Yo mismo estoy trabajando con un pequeño grupo, a pedido de la Presidencia de la Asamblea de la ONU, en una Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Esa declaración deberá difundirse por todos los medios de comunicación, especialmente por Internet, para favorecer la creación de esta nueva conciencia de la humanidad. La nueva centralidad no es más el desarrollo sustentable, sino la vida, la humanidad y la Tierra, entendida como Gaia, un superorganismo vivo.

Adital - Por otro lado, no se piensa en nada orientado hacia el consumo, por ejemplo, que no tenga interferencia directa en el caos que se produjo en la Tierra. ¿Podría hablar un poco sobre eso?

Leonardo Boff - El propósito de todo el proyecto de la modernidad, nacido en el siglo XVI, está asentado sobre la voluntad de poder que se traduce en la voluntad de enriquecimiento, que presupone la dominación y explotación ilimitada de los recursos y servicios de la Tierra. En nombre de esta intención se construyó el proyecto-mundo, primero por las potencias ibéricas, después por las centroeuropeas y finalmente por la hegemonía estadounidense. Al principio no había cómo darse cuenta de las consecuencias funestas de esta empresa, pues ésta incluía entender la Tierra como un simple baúl de recursos, algo sin espíritu que podría ser tratado como quisiéramos. Surgió el gran instrumento de la tecno-ciencia que facilitó la concreción de este proyecto. Transformó el mundo, surgió la sociedad industrial y actualmente la sociedad de la información y de la automatización.

Toda esta civilización ofrece a los seres humanos, como felicidad, la capacidad de consumo sin obstáculos, sea de bienes naturales, sea de bienes industriales. Llegamos a un punto en el que consumimos un 30% más de lo que la Tierra puede reproducir. Ella está perdiendo más y más sustentabilidad y su biocapacidad; simplemente no aguanta más el nivel excesivo de consumo por parte de los dueños del poder y de los controladores del proceso de la modernidad.

El 20% de los más ricos consume el 82,4% de toda la riqueza de la Tierra, mientras que el 20% de los más pobres tiene que contentarse con sólo el 1,6% de la riqueza total. Ahora nos damos cuenta de que una Tierra limitada no soporta un proyecto ilimitado. Si quisiéramos universalizar el nivel de consumo de los países ricos para toda la Humanidad, los cálculos ya fueron hechos: necesitaríamos por lo menos 3 Tierras iguales a ésta, lo que se revela como una imposibilidad. Tenemos que cambiar, en el caso de que queramos superar esta injusticia social y ecológica universal y tener un mínimo de equidad entre todos.

Adital - ¿Hasta qué punto cree usted que la sociedad civil organizada puede ser agente de una nueva práctica de consumo?

Leonardo Boff - Se debe comenzar por algún lugar. El lugar más inmediato es comenzar por cada uno. El desafío, frente al problema universal, es convencerse de que podemos ser más con menos. Importa hacer la opción por una simplicidad voluntaria y por un consumo compasivo y solidario pensando en todos los demás hermanos y hermanas y demás seres vivos de la naturaleza que padecen hambre y están sufriendo todo tipo de carencias. Pero para ello, debemos realizar la experiencia radicalmente humana de que de hecho todos somos hermanos y hermanas y que somos ecointerdependientes y que formamos una comunidad de vida.

La economía se orientará para producir lo que realmente necesitamos para vivir y no para acumular ni para lo superfluo, una economía de lo suficiente y de lo decente para todos, respetando los límites ecológicos de cada ecosistema y obedeciendo los ritmos de la naturaleza. Esto es posible. Pero precisamos de una "metanoia" bíblica, de una transformación de nuestros hábitos, de nuestra mente y de nuestros corazones. Esta transformación constituye la espiritualidad. No es facultativa, es necesaria. Cada uno es como una gota de lluvia. Una moja poco. Pero millones y millones de gotas hacen una tempestad, ahora es necesario un tsunami del bien.

Adital - Brasil, a causa de la Floresta Amazónica y otras florestas nativas, debería tener un papel fundamental en la cuestión ambiental. ¿Cómo evalúa usted la postura del gobierno brasilero en relación con el tema?

Leonardo Boff - El gobierno brasilero no acumuló todavía la suficiente masa crítica ni la conciencia de la importancia de la floresta amazónica en la consecución del equilibrio climático de toda la Tierra. Si el problema es el exceso de dióxido de carbono en la atmosfera, entonces son las florestas las grandes secuestradoras de este gas que produce el efecto invernadero y, en consecuencia, el calentamiento global.

Ellas absorben los gases contaminantes por medio de la fotosíntesis y los transforman en biomasa, liberando oxígeno. En vez de establecer la meta de deforestación cero y en esa posición ser rígido e implacable, por amor a la humanidad y a la Tierra, el gobierno establece que para 2020 va a reducir la deforestación en un 15%. Y hay políticas contradictorias, pues por un lado el Ministerio de Medio Ambiente combate la deforestación, y por el otro el BNDS financia proyectos de expansión de la soja y de la actividad pecuaria que avanzan sobre la floresta. Por detrás están los grandes intereses del agronegocio que presionan al gobierno a mantener una política flexible y que daña para el equilibrio de la Tierra.

Adital - Se ve la gran actuación de movimientos sociales y entidades en defensa de la naturaleza, reclamando más de sus gobiernos en ámbitos internacionales. ¿Cree que hay, en este momento, más empoderamiento?

Leonardo Boff - Pienso que la Cumbre de Copenhague tendrá una función semejante a la que tuvo la Eco-92 en Río de Janeiro. Después de la Eco-92 surgió en el mundo entero la cuestión de la sustentabilidad y de la crítica al sistema del capital visto como esencialmente anti-ecológico, pues implica una producción ilimitada a costa de la extracción ilimitada de los recursos y servicios de la naturaleza. Creo que a partir de ahora la Humanidad tomará conciencia de que, a partir de la sociedad civil mundial, de los movimientos, organizaciones, instituciones, religiones e iglesias, cambia de rumbo o tendrá que aceptar entonces la aniquilación de la biodiversidad y el riesgo del exterminio de millones y millones de seres humanos, no excluida la eventualidad de la desaparición de la propia especie humana.

Esta conciencia va a encontrar los medios para presionar a las empresas, a los grandes emprendimientos y a los Estados para hallar una nueva relación con la Tierra. El problema no es la Tierra, sino nuestra relación para con ella, relación de agresión y de explotación implacable. Necesitamos establecer un acuerdo Tierra y Humanidad para que ambos puedan convivir interdependientemente, con sinergia y espíritu de reciprocidad. Sin esto no tendremos futuro. El futuro vendrá a partir de la fuerza de la simiente, es decir, de las prácticas humanas personales y comunitarias que crean redes, ganan fuerza y consiguen imponer un nuevo orden que garantizará un nuevo tipo de historia.

Yoani Sánchez: ¿Generación Y, W. u O?

Por Norland Rosendo González

De una letra a las otras no hay mucha diferencia. Las tres están en la segunda mitad del abecedario. O sea, que Yoani Sánchez, la estilizada muchachita de La Habana que se ha convertido en «una de las mejores blogueras del mundo» por su habilidad para mentir, tergiversar, desinformar y construir una imagen distorsionada de Cuba en la Internet, bien que pudo ponerle al nombre de su blog cualquiera de esas tres letras.

Optó por la Y, para identificarse con los jóvenes, un bien pensado recurso de marketing. Muchos de sus contemporáneos tienen nombres que empiezan con esa consonante, una herencia de los soviéticos: Yenisey, Yulia, etc.

Sus consejeros (los de Yoani) le crearon un título genial para sus intereses de difundir por el ciber mundo «las frustraciones, los anhelos, las discrepancias y la visión disidente de la juventud cubana respecto a la geriátrica dirigencia de la Revolución».

Pero, lamentablemente, (sus consejeros) no la han podido dotar de otra arma, que no sea el viejo y maniqueo recurso periodístico de la representación irreal de la realidad: un dato sin confirmar por aquí, una historia contada por un vecino por allá, una narración novelesca de un secuestro inverosímil por otro lado; todo aderezado con adjetivos, adverbios y otras construcciones lingüísticas que activan la parte emocional más que la racional en el lector.

Desde su fundación en abril de 2007, Generación Y tenía definida su posición de quinta columna. Pero no una quinta columna cualquiera, se desmarcaba de la frustrada y desprestigiada disidencia cubana de los Elizardo Sánchez, Marta Beatriz Roque, Vladimiro Roca y sus acólitos pro yanqui que solo reconocían a George W. Bush como su presidente. Vaya entreguismo y genuflexión.

Yoani optó por el empleo de la nueva tecnología: la ciberguerra, la ciberdisidencia, tira su post y esconde la mano. Así comenzó a granjearse el beneplácito de los jerarcas anticubanos, y su blog subió al escenario de la confrontación mediática como «un actor de mucho prestigio y sapiencia».

Salim Lamrani, un experto francés en las relaciones Cuba-Estados Unidos, comentó el pasado 25 de noviembre en una tríada de artículos sobre Yoani, publicada por el sitio www.rebelion.org:    

Cuando se lee el blog de Yoani Sánchez, donde la realidad cubana se describe de modo apocalíptico y trágico, uno tiene la impresión de que el purgatorio, en comparación, es un balneario, y que sólo el calor asfixiante de la antecámara del infierno da una idea de lo que viven cotidianamente los cubanos. No aparece ningún aspecto positivo de la sociedad cubana. Sólo se cuentan las aberraciones, injusticias, contradicciones dificultades. Por consiguiente, al lector le cuesta entender que una joven cubana haya decidido dejar la riquísima Suiza para regresar a vivir en lo ella asimila al infierno de Dante donde “los bolsillos se vaciaban, la frustración crecía y el miedo acampaba”. En su blog, los comentarios de sus partidarios extranjeros florecen al respecto: “No entiendo tú regreso ¿Por qué no le diste un mejor futuro a tu hijo?”, “Estimada amiga quisiera saber el motivo por el cual decidiste regresar a Cuba”.

Generación Y no es un blog sencillo. Es una megaempresa mediática que cuenta con un inmenso capital, aportado, obviamente, por las fundaciones anticubanas que proliferan por ahí, y que operan con el dinero de contribuyentes que, la mayoría, no saben nada respecto a tan sucios manejos.

Solo así es posible que, como revela Salim Lamrani, «el sitio Generación Y de Yoani Sánchez es extremadamente sofisticado, con entradas para Facebook y Twitter. Además, recibe 14 millones de visitas al mes y es el único que está disponible en no menos de…18 idiomas (inglés, francés, español, italiano, alemán, portugués, ruso, esloveno, polaco, chino, japonés, lituano, checo, búlgaro, holandés, finlandés, húngaro, coreano y griego). Ningún otro sitio del mundo, incluso, los de las más importantes instituciones internacionales como por ejemplo las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE o la Unión Europea, dispone de tantas versiones lingüísticas. Ni el sitio del Departamento de Estado de Estados Unidos ni el de la CIA disponen de semejante variedad. Otro aspecto sorprendente. El sitio que aloja el blog de Sánchez dispone de un ancho de banda que es ¡60 veces superior al que dispone Cuba para todos sus usuarios de Internet!»

Y para apuntalar a Yoani, la han cubierto de cuanto premio internacional han podido. De una desconocida filóloga pasó, de la noche a la mañana, a una ilustre bloguera, capaz de decir la «verdadera verdad» sobre Cuba.

En una incompleta lista de esos lauros, el experto francés relaciona: «en apenas un año de existencia, mientras que existen decenas de blogs más antiguos y no menos interesantes que el de Sánchez, la bloguera cubana consiguió el Premio de Periodismo Ortega y Gasset, dotado con 15.000 euros, el 4 de abril de 2008, otorgado por el diario español El País. De costumbre, este premio se otorga a prestigiosos periodistas o escritores que disponen de una larga carrera literaria. Es la primera vez que una persona con el perfil de Sánchez lo obtiene. De la misma forma, la bloguera cubana fue seleccionada entre las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time (2008), en compañía de George W. Bush, Hu Jintao y el Dalai Lama. Su blog fue incluido en la lista de los 25 mejores blogs del mundo de la cadena CNN y la revista Time (2008) y también logró el premio español Bitacoras.com así como The Bob’s (2008). El 30 de noviembre de 2008, el diario español El País la incluyó en su lista de las 100 personalidades hispanoamericanas más influyentes del año (lista en la cual no aparecen ni Fidel Castro, ni Raúl Castro). La revista Foreign Policy hizo mejor en diciembre de 2008, al incluirla entre los 10 intelectuales más importantes del año. La revista mexicana Gato Pardo hizo lo mismo en 2008. La prestigiosa universidad estadounidense de Columbia le concedió el premio María Moors Cabot. Y la lista es larga.»

Yoani intenta representar a la juventud cubana. Pero sus arengas semejan campanas que repican por la guerra, como la enseñó el equipo neoconservador de W. Bush que la lanzó al estrellato, solo que, a diferencia del ex mandatario tejano, ella se disfraza con la soft power (más sutil y maquiavélica), a la usanza del nuevo inquilino de la casa Blanca, Barack Obama.

Por tanto, su blog lo mismo puede llamarse Generación Y, que Generación W., que Generación O. ¿Escoja usted?

Con los pies en el surco

 

Por Norland Rosendo González

Con los precios que tienen los alimentos en el mercado mundial, no queda más alternativa que incrementar nuestras producciones, sin las cantidades de fertilizantes y combustibles de tiempos pasados.

Ahora se impone optimizar el empleo de los recursos, colocarlos donde realmente haya productividad, rendimientos y eficiencia. Pero no es cuestión de papeles, ni de numeritos fríos, congelados en otras épocas, cuando las relaciones comerciales cubanas con el extinto campo socialista nos permitían un abundante abastecimiento de insumos.

Tampoco la decisión debe ser exclusiva de alguien desde locales climatizados, lejos del calor de los campos, por cierto, en no muy buenas condiciones, pues ¾ partes de las áreas cultivables en Cuba son poco productivas.

Hay que hundir las botas en el surco, caminarlo, sudar bajo este sol inclemente que no duerme ni un segundo durante los 12 meses del año y castiga a los campesinos en su dura faena de hacer parir la tierra.

La agricultura nuestra no dispone de colosales sumas de dinero para invertir en productos químicos y energéticos; esa razón es una de las que indica adoptar un modelo productivo basado en la sostenibilidad y la agroecología.

Si tomamos en cuenta que 15% de la superficie cultivable del país está afectado por la salinidad y sodicidad; 31% tiene bajo contenido de materia orgánica; las temperaturas son cada vez más altas, disminuyen las precipitaciones y aumentan las plagas y enfermedades, entonces el reto requiere de pensamiento científico, estrategias y programas coherentemente concebidos.

Hay que acudir a la armoniosa combinación de los científicos de academia con los doctores del surco, esos que llevan años y años lidiando con la realidad, y saben qué da cada pedazo de tierra.

El éxito empieza con ese cambio de mentalidad, en el que los viejos esquemas de planes de siembra y de cosecha se transformen en programas productivos, que contemplen todos los elementos para garantizar la comida en la mesa todo el año y no solo en los informes.

Ahí están los conocimientos de los expertos cubanos, capaces de adaptar su discurso al auditorio. Los Rodríguez: Adolfo, el de la Agricultura Urbana y Periurbana, y Sergio, el del Instituto de Investigaciones en Viandas Tropicales (INIVIT) son dos ejemplos paradigmáticos.

Pero sus criterios deben rendir frutos con altos rendimientos, como la buena simiente, esa que no siempre sembramos y que existe en nuestros bancos de germoplasma y se pueden multiplicar en las biofábricas y las fincas de semillas.

En un contexto internacional complejo, matizado por agudas crisis económicas y ambientales —de las que no escapa Cuba—, producir más para comprar menos en el mercado foráneo es un asunto estratégico, de seguridad nacional. Entonces, hay que poner ciencia y conciencia en función de la agricultura.

Convertir los esplendorosos paisajes de marabú que aún «decoran» nuestros campos en surcos de malanga, boniato, plátanos, crías de carneros y reses, etc., requiere de que mochas filosas y conscientes de esa necesidad tajen sin miramientos los troncos de burocracia que aún perduran por ahí y limitan las fuerzas productivas.

Y ojo con aquellos que solicitaron tierra y a estas alturas no las han desinfectado de las malas hierbas o sus producciones «se escapan» para el mercado negro. A esos también hay que cortarle de raíz sus lucrativas intenciones.

La contratación con los productores es mejor cuando se fija en medio del campo, tras recorrer las plantaciones o las áreas ganaderas, pues como reza un añejo refrán: vista hace fe, y en este caso, hace comida para el pueblo.

Los insumos deben asignarse en el momento adecuado, los plantíos no aguardan por firmas de jefes, trámites o reuniones. No pocas veces llegan al surco cuando no hay remedio, y estaban en los almacenes hacía tiempo. ¿Quién asume entonces los bajos rendimientos? ¿Y las pérdidas de los campesinos?

Después, Acopio no los busca frescos y pierden calidad. Llegan al mercado deteriorados y los precios no se corresponden con ese estado. Al final, sufre el cliente-consumidor-usuario.

Pero esa es harina de otro comentario. Solo lo anuncié para enfatizar en una realidad que no admite más demoras en la agricultura cubana: urge cambiar métodos, garantizar agilidad en la toma de decisiones, eficiencia, hundir las botas en el surco, conversar con todos, los científicos de academia y los populares, pensar de manera estratégica para que haya comida y no números enigmáticos, que a la postre solo empachan nuestro desarrollo agropecuario.

Oficio con filo

Por Norland Rosendo González

Te quita el sueño y no es café. Te hace suspicaz e incrédulo, y no es un discurso de Barack Obama. Te esclaviza toda la vida, y no es una maquila.

Y todavía dicen por ahí que es el mejor oficio del mundo. No eres Dios y la gente cree (o quiere creer) en tu palabra —si es pura, de verdad—. El periodismo es una historia que no tiene final, una novela que se escribe todos los días para ser leída a la mañana siguiente.

Pero así era antes. Ahora, desde el hecho hasta que aparece en la radio y las pantallas de televisores y computadoras media muy poco tiempo. Casi al unísono, los protagonistas actúan y disfrutan su actuación. Sus discursos, sus bombazos, sus negocios.

Por suerte, quedan los periódicos para reflexionar. Llegan últimos pero con novedades extraídas de sus entrevistas, del contrapunteo de las fuentes, de su olfato; exponen la otra historia, el porqué de los hechos, los augurios y los argumentos, si es un órgano serio.

Pero así también era antes. Los periódicos del mundo quieren semejar hoy un espectáculo, un show de noticias grandilocuentes, aderezadas con publicidad, fotos desplegadas y muy poco texto, solo el imprescindible, en el que se desdibujan los contextos y el lector apenas percibe una parte ínfima de la realidad, muchas veces distorsionada o simplificada para evitarle a la gente «el engorroso» ejercicio intelectual de pensar.

La prensa es un océano inmenso, sin horizontes. Decenas de miles de noticias diarias ahogan al pobre lector, incapaz de leer un 0.5% siquiera. Y mientras, los poderosos configuran el mundo a su antojo y después lo escriben a imagen y semejanza de sus diabluras, sin el menor pudor ni apego a la ética y la responsabilidad con la especie humana. Basta con que crezcan sus bolsillos.

Las bombas israelo—norteamericanas destruyen la Franja de Gaza y en las pantallas solo aparecen los artefactos caseros lanzados por los palestinos para defenderse. Bolivia refunda su multinacional país, y la batería mediática anuncia que los indios —torpes y brutos, según enfatizan— aniquilarán a los blancos para hacerse del poder absoluto.

China se hace potente, uno de los pilares de la multipolaridad mundial, con una economía que crece vertiginosamente, una laboriosidad asombrosa, pensamiento estratégico, y la prensa occidental prefiere hablar de las manchas y no de la luz.

Los escépticos hablan del fin del periodismo. Pero del serio, del objetivo, ese que tiene un compromiso innegociable con la verdad, que describe los hechos con fidelidad y que, como buen pintor, no olvida los matices, los claroscuros.

Ahora las academias no enseñan a pensar, a cotejar criterios, ni a hacer preguntas incómodas. El buen periodista, en términos mercantiles, es el que mejor amordaza a la opinión pública, pero con elegancia, sutilmente, con la complicidad del receptor.

Son orfebres, que de tanto manosear los datos, extraer con pinzas una cifra por aquí, dos palabras por allá, conciben un texto estilizado y homogéneo que después los circuitos de las trasnacionales difunden por los cinco continentes, como una verdad absoluta e irrefutable.

Así el mundo es y no es. Los periodistas han aprendido muy bien las lecciones de los guionistas de Hollywood. Tanta fantasía agobia y, tristemente, compromete el futuro.

Ante ese desconcertante panorama, se impone articular redes alternativas de prensa que reflejen la realidad, construidas desde abajo, con el protagonismo de la gente que convive en este convulso planeta y no tienen voz en los megashows mediáticos controlados por el gran capital.

A la par de las alternativas políticas a la ideología neoliberal, es necesario continuar concibiendo espacios de convergencia comunicacional, plurales, democráticos que taladren, poco a poco, «la verdad absoluta» de los poderosos.

El periodismo es un arma con filo que puede aportar elementos imprescindibles para desmontar las matrices discursivas a través de las cuales es representada la realidad, y lo mejor, que puede (y debe) apuntalar una matriz propia, autóctona.

Los árboles y el bosque

Por Norland Rosendo González

Leyendo los viernes el periódico Granma he sentido envidia. Y lo digo sin sonrojo, he sentido tremenda envidia de la vocación periodística de muchos lectores, cuyas cartas son excelentes comentarios, bien argumentados, coherentes, con un discurso sobrio pero reflexivo.

Ojalá todos los periódicos cubanos tuvieran un espacio así para el debate. Nosotros, en 8 páginas y con frecuencia semanal, no podemos más que soñar por ahora, aunque en la edición digital disponemos de un foro interactivo (www.vanguardia.co.cu/foros) para la confrontación de ideas.

Para los periodistas, los políticos y los intelectuales, la polémica es un arma de grueso calibre, que bien empleada, enriquece, alumbra y construye. Pero cuando se vuelve áspera, ácida y malintencionada, tiene el efecto contrario. Y esa es la que hay que evitar.

Por lo pronto, bienvenida. A la sociedad cubana le hace mucha falta en estos tiempos para comprobar la salud de los árboles que la conforman, sin perder de vista el bosque.

Acudo a la frase del Che Guevara en su antológico ensayo El Socialismo y el hombre en Cuba: «Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque», y francamente, es importante que tampoco ocurra a la inversa. Una tendencia muy arraigada en nuestro país.

El hipercriticismo es tan funesto como la complacencia acrítica. Pero antes que obligar a alguien a hablar preferiría mejor «callar» a otro. Por lo menos, se sabe qué piensa y eso da pie para el análisis. La franqueza constituye una virtud.

Por ahí andan ahora algunos criticones de todo. Encienden su verbo para arremeter contra nuestro proyecto socialista y sustentan sus posiciones incendiarias en los defectos y los errores que hemos cometido, y que no hay razón para negar, son nuestros.

Buscan los árboles flacos o comidos de comején para negar la robustez del bosque. Exageran. Cuestionan, y no para mejorar. A esos, resulta necesario responderles, con juicio y los tantos argumentos que tenemos, que el bosque es diverso, heterogéneo, pero saludable.

Contamos con datos sólidos, con comparaciones irrebatibles que, bien esgrimidos, ayudan para lidiar con estos personajes. Una variante más saludable que obviarlos o «silenciarlos». Ellos mismos caen, incapaces de sostenerse ante la razón y la contundencia de la verdad.

Hasta oírlos resulta prudente, pues en su andanada de críticas, están las claves para la polémica. Quizás los haya confundidos, que se pueden sumar a nuestra causa.

Por eso digo que para lograr resultados en el trabajo político e ideológico se requiere de mucho estudio, no alcanzan las horas libres para tanta lectura imprescindible, para la reflexión, preguntar. Urge comprender, integrar, porque el mundo avanza, y no lo hace en línea recta. De lo contrario, nos rebasan los criticones, y no sabremos cómo responderles, sino a la «fuerza», y esa jamás convence.

La mayoría de los que emiten juicios críticos no lo hacen con malas intenciones. Hay que estar atentos, prestos a escucharlos, pues resultan artilleros contundentes que ponen la bala donde está el agujero negro. Y existen por ahí también quienes quieren negar la existencia de problemas, de insuficiencias, con el añejo pretexto de no enseñarle nuestros defectos al enemigo, cuando la mayoría de las veces lo que realmente ocultan son sus incapacidades y errores.

Entonces, en un pataleo desagradable, intentan confundir a los revolucionarios con sentido crítico con los contrarrevolucionarios. Esa posición no concuerda con el llamado de Raúl a analizarnos profundamente, con objetividad, poniendo el énfasis en las dificultades.

En este bosque inmenso, que ha sido pulmón ideológico de la izquierda en los tiempos de la debacle del socialismo europeo y frente a los cañonazos neoliberales y neoconservadores, han crecido árboles torcidos. Son más, sin embargo, los bien plantados, fuertes, que han echado follaje a pesar de los ciclones y de la escasez, y reverdecen en el ejercicio responsable de su criterio para que el conjunto sea imperecedero.

El debate público a través de las páginas de Granma, los escasos espacios que otras publicaciones impresas dedican a los lectores, el paradigmático Alta Tensión, de la CMHW, son un reflejo de estos últimos. Y, tengo que decirlo con orgullo, hay lectores y radioyentes en Cuba que serían excelentes periodistas.

Los leo para aprender, palpitar la cotidianidad, poder ejercer esta profesión más cerca de la realidad, con sus tonos y grises, y para confirmar —aunque les duela a otros— que este bosque tiene potencialidades para seguir creciendo, y que él mismo sabe sacudirse de las plantas dañinas.