La prensa requiere «aterrizar» cómo cambiar
Norland Rosendo González
Efectúa la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Villa Clara asamblea de Balance de su quehacer en el año 2011
Para que la prensa cubana esté a la altura de los tiempos actuales, es importante superar el discurso con hechos, «aterrizar» el cómo lo vamos a lograr, propósito que implica un cambio de mentalidad tanto en los periodistas como en los funcionarios y las fuentes de información, trascendió en el balance que hiciera esta semana la UPEC villaclareña de su trabajo en el 2011.
En la cita se enfatizó en que el secretismo y el exceso de consultas con instancias superiores antes de ofrecer entrevistas dificultan que la información llegue con la inmediatez y la oportunidad requerida a la opinión pública, lo cual atenta contra la credibilidad del periodismo.
La miembro del Comité Central y del Buró Ejecutivo del Comité Provincial del Partido Yudí Rodríguez Hernández, calificó de importante este tipo de intercambios y subrayó que no hay puertas cerradas para los periodistas. «Requerimos de profesionales que investiguen, sean veraces y no se autocensuren», añadió.
Llamó a denunciar todo lo que obstaculice el cumplimiento de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, a la vez que destacó la confianza en los periodistas villaclareños.
Abel Falcón Curí, de la CMHW y delegado a la Primera Conferencia Nacional del Partido, ratificó el consenso en que tenemos que cambiar, pero se impone reemplazar añejos y poco eficaces métodos y estilo de trabajo que impiden que las prácticas periodísticas estén a tono con la celeridad de las transformaciones que vive Cuba. Trabajemos juntos por un periodismo edificante, y pensemos no solo en qué debemos hacer, sino en cómo, reflexionó.
La Conferencia del Partido abordó, entre otros aspectos relacionados con el sector, la necesidad de mejores relaciones con las fuentes de información, y el deber de los funcionarios de contribuir a que el discurso periodístico se parezca cada vez más al de la realidad, convergencia esencial en el trabajo político ideológico de la Revolución.
Tubal Páez Hernández, presidente de la UPEC, dijo que no podemos avergonzarnos de los errores, sino analizarlos y sugirió eliminar la jerga administrativa de los textos de la prensa, pues muchas veces resultan términos tecnócratas que no dicen nada a la población. «Hay que lograr mensajes atractivos, frescos, que dialoguen», sentenció.
Llamó a realizar los cambios necesarios para estar a la altura del momento histórico, y a asumir la pasión del periodismo con profesionalidad, estudio constante, superando cada día la obra del anterior.
Los profesionales de la prensa villaclareña reclamaron una estrategia coherente para la superación profesional. Además de cursos de idioma extranjero, son necesarios algunos de redacción española para garantizar la belleza y corrección de los materiales, señaló Luis Orlando Pantoja, de la CMHW, quien lamentó la escasa diversidad de estilos, formas y lenguajes en el periodismo cubano actual.
Las intervenciones reflejaron el compromiso con la verdad, la ética y la responsabilidad, aunque no siempre se disponga de las condiciones tecnológicas apropiadas para el ejercicio de la profesión.
El informe central destacó el papel de los profesionales de la prensa villaclareña en la difusión de la realidad cubana y el caso de los Cinco, para contrarrestar las campañas mediáticas orquestadas por los consorcios de la manipulación al servicio de intereses imperiales.
Villa Clara cuenta con 212 miembros de la UPEC, una de las delegaciones más grandes de Cuba. En 2011, colegas del territorio se agenciaron 10 premios y 3 menciones en concursos internacionales, y 14 y 7, respectivamente, en eventos nacionales.
En el encuentro se les rindió homenaje al fotorreportero del periódico Vanguardia José Hernández Mesa y al maestro de periodistas Julio García Luis, fallecidos recientemente.
Pulmones verdes
Villa Clara tiene un índice de boscocidad de 22. 34, el octavo del país, según fuentes del Servicio Estatal Forestal en la provincia. En el Sijú, a la entrada de la serranía del Escambray, hay un área que descuella por la biodiversidad en los bosques.
Texto y foto: Norland Rosendo González
Hace unos 8 mil años, en el planeta había 6 mil millones de hectáreas de bosques, según estudios científicos. Ahora, es menos de la mitad de esa cifra. Solo en Colombia se deforesta anualmente el equivalente a 4 millones de canchas de fútbol; 456 canchas en una hora; 7,6 canchas por minuto. A ese ritmo, Colombia no tendrá bosques en 40 años.
Cuba, consciente de que sola no puede evitar tanto maltrato a la Madre Tierra, sigue defendiendo en cuanta tribuna internacional accede, la necesidad de cordura, de gestionar un desarrollo sostenible y de aprender a vivir, como nuestros antepasados, en armonía con la naturaleza. Y su mejor lenguaje es el ejemplo.
Por la carretera que sube de Manicaragua a Jibacoa, hay un área de manejo forestal que confirma la riqueza de un medio ambiente saludable y los éxitos del trabajo arduo, diario y sustentable del hombre para que los bosques sean una suerte de casa gigante donde convivan disímiles especies de la flora y la fauna.
El técnico medio forestal Orelvis Romero Almaguer, al frente del proyecto desde su fundación el 2 de junio de 2004, por idea del General de Ejército Raúl Castro Ruz, entonces Ministro de las FAR, explica que cuentan con 308 hectáreas divididas en 6 fincas.
Esta era una zona ganadera, muy deforestada, con suelos compactos por el pisoteo y afectados por exceso de pastoreo. La indicación fue plantar 150 ha y manejar por reforestación natural la otra mitad, con especies de porte bajo y alto y que se mantuvieran con hojas el mayor tiempo posible, rememora.
Hay caoba, tecas, eucalipto, cedro, bambú, algarrobo, leucaena y tienen el privilegio de ser los primeros en Villa Clara en sembrar la acacia magio, de rápido crecimiento y altos índices de logro y supervivencia.
«Me duele cada vez que alguien dice: qué cedros más buenos, o se asombra con las caobas. Solo les interesa el valor comercial de la madera. Mi placer mayor es entrar aquí y ver la biodiversidad. Mientras más pájaros tiene un bosque, más saludable está, quiere decir que abundan las semillas, los insectos…», confiesa mientras se inclina en el tronco de una acacia recién cortada. «Mira como hay hormigas, ¿sabes por qué?»
Y ante mi silencio, con la paciencia de los maestros excepcionales, me explica: «Estamos en Luna Llena, ahora por la savia de la planta circula azúcar. En Cuarto Menguante, lo hace el almidón, por eso es aconsejable cortarla en esa etapa para evitar que se pique.»
La silvicultura (fomento, desarrollo y manejo de los bosques) exige tiempo, constancia y amor. En los primeros tres años, los árboles son plantados, se chapean las malas yerbas, tiene lugar la poda selectiva para evitar horquetas y favorecer el crecimiento y la de saneamiento para quitar las partes enfermas.
En los tres siguientes, sigue la limpia (chapea) y se ejecuta el aclareo, o sea, espaciar las plantas para que crezcan libremente y compitan entre ellas. Después viene el raleo: ir conduciendo el bosque a lo que uno desea, si quieres bolos, quitas algunos para que los otros ganen en diámetro. La madera rolliza, empleada para varas y cujes en las cosechas de tabaco, está apta entre los tres y seis años. La acacia magio requiere de 10 años; la teca, 15; la caoba, 25 y el cedro, 30, refiere Orelvis.
Pero no todo es madera en una finca forestal. La sostenibilidad resulta imprescindible, por lo que también cosecha plátanos, malanga, arroz, frijoles y cuenta con rebaños de vacas, chivos, carneros, cerdos y aves. «En el sotobosque hay gramíneas que le sirven de alimento al ganado y así se elimina material combustible. Donde se pastorea, la chapea es más ligera.»
—¿Y qué hacen para evitar los incendios?, inquiero a propósito de la sequía actual.
—Lo importante es el trabajo profiláctico junto con el Cuerpo de Guardabosques. Aquí el cambio de mentalidad ha sido complejo, pues antes daban mucha candela para limpiar los potreros de ganado, y eso destruye los bosques.
Tiene, además, un proyecto de educación ambiental en la escuela primaria de la zona, un círculo de interés y crearon un bosque martiano, de los mejores de Villa Clara, donde hay 38 especies de las que mencionó nuestro Héroe Nacional en su Diario de Campaña de Cabo Haitiano a Dos Ríos, entre ellas, ballúa, jagua, yaya y jatía, difíciles de lograr porque son especies de monte.
En la despedida, Orelvis vuelve a exhibir sus dotes de genial pedagogo: «La naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre. Esa frase de Martí es mi filosofía. Si en otros lugares, la gente tumba árboles para convertirlos en dinero y lujos, aquí seguiremos dándole vida a los bosques para aumentar nuestra riqueza mayor: la biodiversidad.»
Sin pausa, pero sin prisa

Por Norland Rosendo González
Parece fácil, pero no lo es, al menos para los cubanos, acostumbrados a los maratones y las campañas perecederas; ese es uno de los cambios imprescindibles para que los demás fluyan: interiorizar que las transformaciones deben ser sin pausa, pero sin prisa, justo en el momento adecuado y con la seguridad de que perduren para bien de todos.
En un escenario nacional donde se actualiza el modelo económico sin obviar las esencias de equidad, humanismo y solidaridad, Cuba apuesta también por la eficiencia, la productividad, el ahorro y la calidad, indicadores necesarios para garantizar la sustentabilidad del socialismo.
En palabras parece sencillo, pero para hacerlo realidad resulta imprescindible un cambio de mentalidad profundo, el salto de barreras sicológicas y la superación de resistencias. No es cuestión de eludir los conflictos, sino asumirlos, hurgar en las causas, prever las consecuencias y pensar sin dormirse a la espera de que todo lo decidan «arriba».
La implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados en el VI Congreso del Partido constituye un proceso continuo, por lo que en los próximos 12 meses seguirán las transformaciones y serán más exitosas si cuentan con el adecuado aseguramiento cultural, en el sentido más abarcador de ese concepto.
Desde la colosal consulta popular del proyecto de Lineamientos, Cuba ha demostrado la fortaleza del debate, de la participación y el valor de los argumentos por encima de las consignas. Una filosofía que ha traducido en versos el trovador Tony Ávila en la canción Mi casa, una suerte de poesía que bien pudiera acompañar al pragmatismo de los cambios ante los prejuicios y los escepticismos de algunos:
«Hoy voy a consultar con mis hermanos,/ los cambios que a la casa sobrevienen,/ no tengo que correr porque la prisa/ puede que le haga daño a los cimientos,/ y aunque en mi casa me siento contento,/ hay cambios que mi casa necesita.
«Voy a hacer ciertos cambios en mi casa,/ como hicieron mis padres en su tiempo,/ al cabo esta será la misma casa,/ los que no son iguales son los tiempos.»
Esa interpretación dialéctica de los acontecimientos robustece nuestro socialismo y lo aleja de esquemas rígidos infuncionales, máxime ahora que el mundo agoniza de tantas crisis y los defensores del capitalismo apelan a todas las armas posibles (la mayoría fuera de las coordenadas de la ética y la razón) para fulminar cualquier proyecto alternativo viable.
Cuba es un referente, no solo por su historia y osadía de resistir los embates del imperio más poderoso que haya conocido la humanidad, sino porque ha demostrado que el marxismo no quedó sepultado en los escombros del Muro de Berlín ni con la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Cada paso que demos en la actualización de nuestro modelo económico ha de ser, entonces, sólido, bien pensado, como nos ha pedido Raúl. En el 2012, a no dudarlo, serán más los ojos que se viren para nuestro país, y nuestra única opción posible es superar la percepción de Máximo Gómez de que los cubanos no llegamos o nos pasamos.
El cambio de mentalidad, que implica superar viejos paradigmas de dirección y el reduccionismo al enfocar los problemas y buscarles solución, es el sustrato para desterrar la filosofía de los maratones y la nociva costumbre de abandonar las carreras a mitad de trayecto. Hay que ser constantes, estables, consagrados, pero sin caer en la rutina.
Tony Ávila nos da otra vez la clave: «Le cambiaré el color a las paredes, restauré las puertas, las ventanas,/ y el viejo dominó sin doble nueve./ Voy a quitar las viajas cerraduras,/ creo que están de más ciertas paredes,/ aprendí con el tiempo que se puede/ cambiar sin que se dañe la estructura.»
En esa titánica obra seguiremos inmersos este 2012 y el más grande de los cambios debe ocurrir en la mentalidad, en la psicología, en los enfoques culturales de los cubanos para construir entre todos la sociedad que queremos y que podemos. Una sociedad que, por suerte, no tiene referentes en la historia, y que es la resultante de nuestro genio creador, de nuestros sueños, de una rica herencia intelectual en la que predominan dos pilares fundacionales: Martí y Fidel.
Para conservar los pasos dados en la actualización del modelo económico y dar otros igual de importantes, profundos y necesarios, entrémosle al Año 54 de la Revolución dispuestos a pensar, recrear, argumentar, prever, sumar, fundar, y sobre todo, con mente abierta y propositiva, pues el camino que transitamos es ignoto.
Cada uno de nosotros, y todos a la vez, cantemos con Tony Ávila:
Asumiré que soy el heredero,/ ya que tengo esta casa por fortuna./
La casa que no cambio por ninguna/ y en la que están las cosas que más quiero.
La clave está en seguir la marcha sin pausa, pero sin prisa.
Los nuevos horizontes del cooperativismo
Por Norland Rosendo González
A tenor con los cambios que ejecuta Cuba para perfeccionar su modelo económico, las cooperativas devienen una de las modalidades clave en aras de dinamizar los procesos productivos y de servicios, y sobre todo, garantizar sostenibilidad.
Las leyes actuales solo permiten tres tipos de cooperativas, todas en el rubro agropecuario: las de Créditos y Servicios (CCS), en la que los asociados mantienen la propiedad individual sobre la tierra, pero se integran con el objetivo de contratar servicios y hacer trámites, por ejemplo, solicitar créditos.
Las de Producción Agropecuaria (CPA), una modalidad de la socialización, mediante las cuales los campesinos unieron voluntariamente sus tierras, y junto a otros activos conforman un patrimonio común.
Y por último, las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), integradas por obreros de las empresas estatales a los que se les entregaron tierras en usufructo gratuito y se les vendieron las instalaciones, equipos y animales en condiciones ventajosas.
Sin embargo, directivos de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) confirmaron recientemente que se estudia la extensión del sector cooperativo a los servicios gastronómicos y de transporte, la fabricación de materiales de construcción, la pesca y la comercialización agropecuaria, entre otros sectores.
La noticia se ajusta a los Lineamientos 25, 26, 27, 28 y 29 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, y guarda estrecha relación con las últimas medidas encaminadas a fortalecer el sector no estatal de la economía socialista cubana.
En la agricultura, este tipo de organización social ha demostrado que es capaz de desarrollar procesos productivos y de comercialización más eficientes, a la vez que diversifica y consolida servicios estratégicos para un renglón que está llamado a sustituir importaciones e incrementar los rubros exportables.
Si bien no todas las cooperativas funcionan adecuadamente, lo que ha generado un análisis profundo y la conversión de CPA en CCS, entre otras transformaciones, resulta una forma productiva autogestionaria, una cualidad imprescindible para garantizar que sea sostenible, eficiente y capaz de adaptarse a los diversos escenarios con mayor rapidez, sin tantos mecanismos burocráticos ni rígidas instancias superiores.
Una tesis doctoral defendida en enero de 2011 informaba que mientras hasta esa fecha habían desaparecido 136 CPA (un promedio de 3 anuales), 474 UBPC (24 anuales), la tendencia de las CCS era a crecer, lo que se ha confirmado en el transcurso de este año, dadas las potencialidades productivas y sentido de pertenencia que caracterizan a esta última modalidad.
La clave de las cooperativas radica en su capacidad de autogestión y el manejo eficiente de todos los recursos a su disposición, así como los mecanismos para garantizar la participación activa de sus miembros en la toma de decisiones.
Esta virtud responde al anhelo socialista de que los trabajadores sean verdaderos dueños de los medios de producción, lo que elevaría los rendimientos, la productividad del trabajo, la calidad, el ahorro, y por tanto fortalecería un modelo de gestión económica viable para Cuba, en medio de un complejo contexto internacional, signado por la rapaz conducta de las trasnacionales.
La rebaja de precios de los implementos agrícolas, la posibilidad de comprar con cheques en los establecimientos de la red de comercio minorista, la nueva política crediticia para los productores, la posibilidad de comercializar directamente con Turismo y la continuación de entrega en usufructo de tierras por el Decreto Ley 259 estimulan a los campesinos para lograr volúmenes de alimentos superiores, que alivien la tensa situación financiera del país, obligado a hacer erogaciones en el mercado foráneo por producciones que pudieran generarse aquí.
Pero los beneficios no se reducen al ámbito económico, desde el punto de vista social, los asentamientos tienen mejores condiciones de vida, dado su sentido comunitario e inclusivo, en el que desempeñan un papel importante las familias.
Despojarse de estilos viciados de dirección, potenciar la participación activa y consciente de los asociados, eliminar restricciones anacrónicas y permitir el reacomodo de estas estructuras según las condiciones y características de los territorios, constituyen imperativos ahora que se vislumbran nuevos horizontes en el cooperativismo cubano.
Por tanto, la experiencia en el sector agropecuario, con sus éxitos y desaciertos, resulta un referente imprescindible para implementar el Lineamiento 180, que enfatiza: «lograr la autonomía de gestión de las distintas formas de cooperativas e introducir de forma gradual las cooperativas de servicios en la actividad agroindustrial a escala local.»
Profe, no entiendo

Un homenaje a los maestros cubanos en su Día este 22 de diciembre.
Por Norland Rosendo González
Cuando era estudiante, me «tragué» algunas veces esa frase. No todos los maestros la asimilaban y en la mayoría de las ocasiones, hacían una síntesis en cinco minutos de la clase que era más difícil aún de comprender.
― ¿Y ahora?, preguntaban.
― Unas veces movía la cabeza de hombro a hombro y otras, utilizaba el lenguaje verbal para decir lo mismo: un «más o menos» que equivalía a «me quedé igual».
Con el tiempo, y con profesores excepcionales, pacientes, que vivían cada clase como una etapa del inconcluso e infinito proceso de aprendizaje y no un acto bancario de transferir datos, aprendí a no salir del aula con dudas y si las tenía, irme con la lista de los libros en los que podría encontrar las respuestas.
El «no entiendo» puede ser el punto de partida para repensar el método, la velocidad de las palabras, la correlación de conceptos y su «corporización» en ejemplos, imágenes, historias. Para estimular el diálogo, la creatividad del educando, su curiosidad, y abandonar ese monólogo aburrido, semejante al del curso anterior y al anterior del anterior, que, visto con ojos críticos, suele adormecer la capacidad de inquietarse, preguntar, comparar.
Aún recuerdo aquellas clases en las que un maestro de sexto grado se ponía a inventar historias de cuando él «fue» al monte Everest, de la nieve, la vegetación, los animales que vio, y nosotros, absortos, nos quedábamos prendidos a sus narraciones e íbamos después a los libros a aprender más.
Siempre le voy agradecer sus lecciones de geografía y esa capacidad de fabular para enseñar, para hacernos vivir un clima frío, que, aunque usted no lo crea, nosotros sí llegamos a sentirlo, mientras él hablaba de las temperaturas bajo cero grado y los esquís que nunca montó.
Y también a aquel profesor de Historia de Cuba que llegó una vez al aula con un paraguayo para demostrarnos cómo se hacían las cargas al machete, y blandió en el aire tres o cuatro veces el instrumento mientras corría por el pasillo. Entonces, comprendí el terror de los españoles cuando el ejército mambí se abalanzaba sobre ellos con esa original arma que nunca habían visto en las academias militares ibéricas.
Pero no todo es contar la historia. Para entender al mundo, sus procesos, la necesidad de equilibrio, racionalidad, de comportarse con ética para salvarlo del holocausto al que lo conducen desenfrenadamente los suicidas depredadores del medio ambiente y de la especie humana, se requiere de una pedagogía reflexiva, que enseñe a aprender, investigar, dudar. A asimilar lo nuevo sin desdeñar lo antiguo.
La velocidad que los propios humanos le hemos puesto al carro de la autodestrucción no nos deja tiempo para acumular ideas de manera acrítica; se impone emplearlas para transformar la realidad, enriquecerla, y eso solo es posible con cultura, con una educación que dote a las personas de la capacidad de polemizar, participar y construir colectivamente el conocimiento.
Para mí, no había mejor clase que aquella en la que los alumnos y el profesor nos enrolábamos en un diálogo abierto, y aumentaba exponencialmente el saco de las dudas, en las que había más preguntas que respuestas, y los por qué nos remitían a los libros, a los expertos, a volver al principio para tomar otro rumbo en la comprensión de los fenómenos.
De ahí viene mi respeto por el magisterio. No conozco profesión más noble, altruista y útil para que la especie humana se salve del abismo que esa. Ella tiene el compromiso de formar a las nuevas generaciones no solo para saber operar la avalancha de tecnologías, sino para hacerlo con ética y responsabilidad.
«Profe, no entiendo», es una brújula para lograr esas cualidades. Para empezar de nuevo hasta que los alumnos aprendan a aprender, porque, a fin de cuentas, las clases nunca terminan.






