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El teclazo por la verdad

Llora Brasil y siguen las vuvuzelas de la guerra

Por Norland Rosendo González

Brasil es una funeraria gigante, unos cuantos metros cuadros más que la misma superficie de la nación. Su equipo de fútbol, favorito para ser campeón, se quedó en cuartos de final, al tropezar con una Holanda que fue a Sudáfrica a saldar antiquísimas deudas con su afición y logró un exitazo histórico de dos goles contra uno.

Las notas de prensa ahogan a los ciberlectores. Las fotos van desde la locura desbordante, nada típica de los europeos más rancios, hasta el desconcierto y el llanto en cascadas de los latinoamericanos, sobre todo, los brasileños, a quienes su orgullo se les ha venido a menos con ese resultado que silenció la samba.

Fin de los carnavales. Nadie quiere bailar, nadie quiere fiesta. El negocio más lucrativo ahora en Brasil es la venta de flores y coronas mortuorias. Y también de pañuelos. Porque este funeral será gigante. Han pasado varias horas del deceso y todavía hay gritos secos, de esos que salen del mismísimo estómago. Nadie allí cree la verdad.

Y se va Dunga. Quizás la mejor noticia del día para los amantes del fútbol con estilo. Él mismo ha dicho adiós. Las derrotas nunca son huérfanas.

Ahora nos queda Argentina. Ese sí tiene un juego bonito, el toca toca que convierte al rectángulo futbolístico en una plaza de baile con sabor latino. Con un Messi que danza con el balón entre los pies, y un Maradona que no deja que ningún músico desentone. Arriba, albicelestes.

Lástima que mientras escribo esto, otros les den patadas a los sueños de paz y convivencia organizando un partido de bombazos entre Israel e Irán.

 

 

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